Este sistema de copia sobre dos capas fue desarrollado en Francia y estuvo en uso comercial hasta finales del XIX. En 1849 Louis Désiré Blanquard, impresor fotográfico, propuso un nuevo sistema de impresión de copias fotográficas tratando de superar las limitaciones inherentes de las copias en papeles a la sal.

En este proceso fotográfico las imágenes se formaban por contacto directo desde el negativo al papel, por este motivo las imágenes obtenidas presentaban una definición limitada puesto que la fibra de la pasta papelera sobre la que se formaba la imagen lo impedía.

Carl Norman. 1893. Albúmina. Valle de Agaete. Gran Canaria.
Carl Norman. 1893. Albúmina. Valle de Agaete. Gran Canaria.

La propuesta de Blanquard consistió en cubrir las hojas de papel con clara de huevo salado y batido a punto de nieve, de este modo la superficie del papel aparecía brillante; esta capa era sensibilizada con una solución de nitrato de plata y las sales de plata no llegaban a impregnar las fibras del papel, con lo cual la imagen ganaba una gran definición respecto de la que ofrecían las copias en papeles a la sal. Nacían así las copias en papel a la albúmina que fueron rápidamente aceptadas en los ámbitos fotográficos y desde 1855 fue el más utilizado para imprimir copias en papel desde los negativos de colodión; la combinación/albúmina predominó durante más de 30 años en los procesos fotográficos. Y aunque su uso decayó progresivamente desde 1895, el papel albuminado continuó fabricándose hasta el primer tercio del siglo XX.

Inicialmente el fotógrafo preparaba el papel a la albúmina antes de realizar las fotografías y para ello (rompía los huevos, batía las claras a punto de nieve, las salaba y dejaba fermentar, hacía flotar el papel sobre el fermento, lo sensibilizaba con nitrato de plata,...). Lo complicado y penoso de estas tareas, así como el rápido aumento de la demanda de papel albúminado condicionaron que desde 1854 saliese al mercado papel a la albúmina de producción industrial. La producción fabril de papel albuminado se concentró en Dresden, Alemania, y alcanzó proporciones gigantescas; baste considerar, a modo de ejemplo, que en 1888 una sola fábrica rompió más de 6 millones de huevos para la preparación de papel albuminado.

Las copias fotográficas en papel a la albúmina se obtenían por contacto directo entre el papel albuminado y el negativo. La impresión era realizada directamente por exposición al sol mientras negativo y papel se hallaban en contacto, dicha exposición podía prolongarse incluso más de una hora y el fotógrafo podía controlar, llevando la prensa de contacto al cuarto oscuro, la evolución de la impresión sin separar el negativo del papel albuminado.

Las copias fotográficas en papel a la albúmina se obtenían por contacto directo entre el papel albuminado y el negativo. La impresión era realizada directamente por exposición al sol mientras negativo y papel se hallaban en contacto, dicha exposición podía prolongarse incluso más de una hora y el fotógrafo podía controlar, llevando la prensa de contacto al cuarto oscuro, la evolución de la impresión sin separar el negativo del papel albuminado.

Entre las albúminas custodiadas en El Fondo de Fotografía Histórica de la Fedac destacan las imágenes de las islas obtenidas por el fotógrafo alemán Carl Norman en su estancia en Canarias en 1893. Además de otras no relacionadas icónicamente con Canarias pero procesadas por uno de los mejores fotógrafos históricos de Gran Bretaña, Thompson, quien en 1870 obtenía esta magnífica albúmina en la primera expedición organizada por el Imperio Británico por las riberas del Yan-Tse, China. El aspecto de las imágenes, originariamente de tonos púrpuras ó canelos, amarillea con el paso del tiempo. El craquelado de la emulsión, la oxidación y reducción de la plata, asi como el foxing, son los deterioros que más habitualmente afectan a las albúminas.