En 1873 William Willis patentaba en Gran Bretaña un nuevo sistema de impresión de copias fotográficas por contacto directo entre el negativo y el papel: la platinotipia. La nueva técnica aprovechaba la sensibilidad del hierro a la luz y obtenía las imágenes sensibilizando el soporte con oxalato férrico y cloro-platino potásico; expuesto a la luz solar el papel en contacto con el negativo se obtenían las imágenes que posteriormente se fijaban con un baño ácido. A diferencia de otros procedimientos de copia sobre papel la imagen final se forma por acción de sales de platino y no de plata. La imagen queda embebida en la fibra de papel y a pesar de ello presenta una gran calidad, con bastante finura de detalles. A diferencia de la plata el platino es más estable por lo que las imágenes obtenidas por esta técnica tienen mayor umbral de durabilidad; a pesar de ello, en un clima como el de Canarias el principal proceso de deterioro que les afecta es el foxing.

Carl Norman, 1893. Platinotipia. Cuartel Alonso Alvarado (El Castillo de Mata) en Las Palmas. Gran Canaria.
Carl Norman, 1893. Platinotipia. Cuartel Alonso Alvarado (El Castillo de Mata) en Las Palmas. Gran Canaria.

A fines del s. XIX la impresión en papel platino adquirió gran popularidad en los medios fotográficos y la producción industrial de este tipo de papel se extendió desde Gran Bretaña –donde Willis fundó la Platinotype Company en 1880- por Austria, Alemania, Italia y los Estados Unidos. Con distintas variantes esta producción se mantuvo hasta 1916, año en que Eastman Kodak deja de fabricarlo por el encarecimiento que experimentó el platino durante la 1ª Guerra Mundial. El elevado precio de este proceso fotográfico impidió que el número de clientes se extendiese fuera de los círculos sociales aristocráticos condicionando su declive a partir de los años 20.